Has montado un negocio… y ahora trabajas para él.
No solo trabajas.
Gestionas. Respondes. Persigues. Organizas. Revisas. Cobras… Pagas. Pagas. Pagas. Y entre medias haces un poco de marketing. Cuando puedes. Como puedes.
¿Qué te voy a contar?
Una jornada infinita.
Si no estás, no se mueve.
Si no empujas, se para.
Si no apareces, se enfría.
Y eso agota.
No por falta de clientes.
Por dependencia.
Porque todo depende de ti.
Y cuando todo depende de ti…
nunca descansas de verdad.
Muchos negocios no tienen un problema de ventas.
Tienen un problema de presencia.
Solo existen cuando están.
Y eso, tarde o temprano, pasa factura.
Hay un oficio antiguo que entendió esto mucho antes que nosotros.
No tenía redes.
No tenía anuncios.
Ni siquiera tenía cartel.
Era el 🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁🥁
Tiii… tiriríí… uuu. ¡Siii, el afilador!
¿Seguro que no lo estás oyendo ya en tu cabeza? Púlsalo… y vuelve un momento allí.
No hacía falta mirar
El coche ya estaba hablando.
El tirirííí no era música, era aviso.
Era urgencia suave.
Era ahora o nunca.
Las madres se asomaban.
Los bares se daban prisa.
Los cuchillos, de repente, importaban.
Pero esto no va de un afilador.
Va de ti.
Va de lo que pasa cuando tu negocio no suena lo suficiente
o solo depende de que estés allí.
El afilador no gritaba ofertas.
No perseguía clientes.
No publicaba cada día.
Simplemente sonaba.
Y cuando sonaba, el pueblo sabía que estaba.
Pero había un problema.
Si no pasaba, no había trabajo.
Dependía de su presencia.
Como tú.
Hasta que entendió algo distinto.
No fue cómo vender más.
Fue cómo no depender solo de estar.
Todo lo que repetía cada día —
cómo saber cuándo afilar,
qué errores evitar,
cuándo merece la pena arreglar—
ya era valor.
Solo tenía que sacarlo de su cuerpo.
Apuntó nombres, direcciones.
Mandó cartas.
Grabó cintas con consejos.
Avisaba cuando tocaba volver.
La flauta siguió sonando.
Pero dejó de ser lo único.
Cuando llegaba la temporada baja, no desaparecía.
Porque ya no dependía solo de pasar.
Había creado sin darse cuenta una estructura o sistema o estrategia,
llámalo como quieras.
Hoy no usamos sobres ni cintas TDK.
Pero el principio es el mismo.
Si no tienes un canal propio, dependes del momento.
Si no tienes algo vendible repetible, dependes de tu energía.
Si no tienes algo que mantenga la relación viva,
dependes de la memoria del cliente.
Y depender cansa.
Aquí construimos lo que nuestro afilador terminó construyendo
sin llamarlo así:
Un canal que sigue sonando aunque tú no estés.
Productos simples que no dependen de tu cuerpo.
Contenido que mantiene la relación activa.
Una experiencia que deja rastro.
No para vender más hoy.
Para no desaparecer mañana.
Porque el verdadero problema no es facturar.
Es no poder desconectar.
Imagina que tu negocio sigue generando movimiento
aunque no estés empujando.
Imagina que el martes flojo no te inquieta.
Que la temporada baja no te asusta.
Que el cliente no se olvida cuando no pasas.
Eso no es magia.
Eso es independencia.
Si has llegado hasta aquí, algo te ha traído.
no necesitas formulario raro.
Respóndeme a cualquiera de mis correos.
Cuéntame qué haces.
Qué te tiene atado.
Dónde se te escapa la energía.
Y si eres más de ejecutar y prefieres ir directo:
déjame tu número.
Si veo que lo tuyo encaja con lo mío
y lo mío con lo tuyo,
avanzamos.
Si no, al menos te diré algo que te haga pensar.
Cuenta la leyenda que un afilador extranjero
llegó a un pueblo de Ourense con la rueda rota.
Sin rueda no había oficio.
Y sin oficio no había comida.
Un carpintero del lugar se la arregló…
pero antes la estudió, la entendió y la replicó.
Desde entonces, dicen que las calles se llenaron de chispas.
Piedra contra acero.
Ruedas girando.
Oficios que se oían antes de verse.
Por eso a esa tierra la llamaron Terra de Chispas.
Y cuando la flauta atravesaba el aire,
el pueblo sabía que estaba.
Y que cuando dejaba de sonar…
también sabía que había terminado.
Aquí hacemos lo mismo.
Que tu negocio se escuche antes de verse.
Que esté presente incluso cuando no pasa.
Que deje rastro aunque tú no estés empujando.
Sin que tú tengas que estar siempre tocando la flauta.
QUIERO IDEAS PARA QUE MI NEGOCIO NO DEPENDA TODO EL RATO DE MÍ.
Gracias
Te has unido a nuestra lista